Querida ministra, me avergüenza usted. Carta abierta

  • Fuente: Yo Sí Sanidad Universal

Carta abierta de Marta Pérez, miembro de Yo Sí Sanidad Universal y participante en el grupo de acompañamiento de Lavapiés, a la ministra de sanidad, Ana Mato.

Querida ministra, me avergüenza usted

Señora Ana Mato, permítame que le cuente una mañana cualquiera en mi quehacer cotidiano, la de hoy por ejemplo, lunes 28 de abril de 2014. Me he levantado temprano, a eso de las 7, y he leído una carta que Maximiliano Diego, médico cardiólogo, publicó el pasado 12 de abril en la página web de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Salamanca. Se titula «Lágrimas de vergüenza» y en ella relata cómo un paciente suyo, que sufría un segundo infarto, lloraba al confesarle que tenía que dejar de tomarse las pastillas porque no se las podía permitir si quería seguir dando de comer a su familia. Maximiliano termina su texto así: «No es él quien tiene que llorar de vergüenza». Y yo añado: no, no es él, es usted, señora ministra.

Media hora después de leer este texto he abierto el correo y he podido tener conocimiento de la situación que vive una mujer cuya madre fue examinada en un hospital de Madrid por tener un bulto detrás de la oreja. En el servicio de urgencias le dijeron que podría ser un cáncer pero al ir a solicitar las pruebas para poder tener un diagnóstico y un tratamiento se las niegan, por no tener tarjeta sanitaria.

A las 10 de la mañana he hecho la pausa para el café. En esos minutos he participado en una conversación de wassap de un grupo que tenemos entre varias amigas. Entre ellas, una médica pediatra que trabaja en otro hospital de Madrid, que nos cuenta que acaba de ingresar en su servicio una niña de 25 días con desnutrición. La madre le estaba dando el pecho pero la cosa no iba bien, puede que no tuviera suficiente leche o que la niña no asimilara bien los nutrientes. Fue a la revisión de los 15 días con su pediatra y le negaron la atención en su centro de salud, porque la niña no tenía tarjeta sanitaria.

A eso del mediodía he cogido un tren hacia Móstoles para una reunión de trabajo. En el trayecto he vuelto a consultar mi correo en el móvil. En uno de los mensajes una enfermera de un hospital de Madrid solicita información sobre qué hacer para solucionar la situación que vive un paciente ingresado por urgencias por infarto de miocardio y posterior ingreso en UCI. Está a la espera de que le hagan otras pruebas. Pero además está preocupado porque en el hospital le han dicho que tiene que sacarse la «tarjeta sanitaria provisional» o que si no le facturan la atención.

El 3 de septiembre de 2012, dos días después de que entrara en vigor su decreto de exclusión sanitaria, fui con una amiga a un centro de salud. Ella tenía unas citas de seguimiento por unas revisiones que la tenían que hacer después de un parto. Cuando llegó a su hospital no la atendieron porque no tenía tarjeta sanitaria y fuimos juntas al centro de salud a ver si podíamos conseguir de nuevo esas citas. Han pasado un año y 9 meses desde aquel día en el que nadie sabía nada, el caos era tremendo y parecía que no se podía atender a nadie sin tarjeta sanitaria y si se atendía había que cobrar. Ya fuera embarazada, menor, un proceso anterior que requería seguimiento o una entrada por urgencias. Hoy seguimos igual. Y sólo le he contado una mañana cualquiera. Mis compañeras le podrían contar cualquier otra y sería parecida.

Le pregunto a usted cómo no le da vergüenza. Y me dirijo a usted en su papel de servidora de lo público, no como persona. Cómo no le da vergüenza seguir al frente de un ministerio que con sus leyes atenta contra la dignidad, contra la salud, contra la integridad física y contra la vida de las personas. Si no se entera, me da vergüenza que una vecina como yo, que ni siquiera trabaja en el sistema sanitario, sepa más de lo que está pasando que usted. Y si sabe lo que ocurre, me da usted aún más vergüenza todavía, una vergüenza infinita. Yo seguiré participando en todas las acciones de apoyo mutuo y denuncia que sean necesarias para que su decreto de exclusión sanitaria no se pueda aplicar en la práctica. Me pregunto qué va a hacer usted al respecto.

Yo Sí Sanidad Universal