Un sistema excluyente nunca será sostenible: Yo Sí Sanidad Universal

Se cumple un año de la publicación del Real Decreto Ley 16/2012, que supone la división de las personas que residen en el Estado español había que dividirlas entre las que merecen atención sanitaria sin que ello les suponga un coste adicional al que ya pagan con sus impuestos y las que no.

El 24 de abril de 2012 salió publicado en el Boletín Oficial del Estado el Real Decreto Ley 16/2012 de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y la seguridad de sus prestaciones. Se cumple pues un año desde que el Gobierno decidió que a las personas que residen en el Estado español había que dividirlas entre las que merecen atención sanitaria sin que ello les suponga un coste adicional al que ya pagan con sus impuestos y las que no.

Los primeros meses tras la aprobación del RDL dejaron patente una improvisación absoluta, además de una sarta de mentiras y de intentos de manipulación que han sido reforzados a lo largo de este último año.

En cuanto a la improvisación, solo es preciso atender a la corrección de errores que introdujo el Gobierno tres semanas después de la publicación del decreto, dada la emergencia de una cierta presión social al comprobar que la reforma sanitaria iba a afectar también a las personas autóctonas, ya que las mayores de 26 años que no hubieran cotizado a la Seguridad Social quedarían fuera del sistema.

El Gobierno se vio obligado a reaccionar e introducir un nuevo elemento para que la gente aceptara la exclusión, estableciendo un límite de ingresos de 100.000 euros, de modo que pareciera que sólo la población rica y extranjera iban a ser objeto de esta medida carente de toda lógica y humanidad.

La ministra Ana Mato se sentía orgullosa de su decreto y con fuerzas para sacar pecho y pregonar a los cuatro vientos que «todos los españoles tienen derecho a la sanidad pública y universal, y el resto a la asistencia básica», ¡como si la salud fuera un privilegio que solo merecen ‘los elegidos’!

Se olvidaba, en todo caso, de que el RDL esconde otras medidas, como el aumento del copago o la desfinanciación de fármacos, que han generado un problema para los y las pacientes en situación más desfavorecida, incluida la población española. En este caso, es preciso hacer referencia a las palabras de Ángel Tolosana en un artículo publicado en La Vanguardia el pasado 16 de abril. Este exjuez de 43 años que reside en Zaragoza aseguraba que la obligación de pagar el 40 por ciento de los fármacos que le mantienen con vida le iba a obligar a delinquir, dado que actualmente se ha quedado sin ingresos.

Una vez aclarado el hecho de que este cambio de modelo sanitario no afecta sólo a la población extranjera, se puede poner el énfasis en las repercusiones que la medida está teniendo entre los y las migrantes. Destaca aquí el temor que albergan algunas personas en situación administrativa irregular tras los mensajes contaminantes que han sido lanzados y que han provocado que ni siquiera se sientan con fuerza para reclamar el derecho a la asistencia de urgencias o la atención por una dolencia grave, que les corresponde según el RDL.

También en este saco están las embarazadas y niños sin permiso de residencia a los que el RDL supuestamente garantiza la prestación. Mensajes confusos, compromisos de pago y amenazas de facturación han servido para disuadir a ciudadanos y ciudadanas que, pese a no estar cotizando, contribuyen con el abono de impuestos a la sacra sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS), que se nutre de los Presupuestos Generales del Estado, y por tanto de los impuestos directos, indirectos y especiales.

La respuesta social

Una vez consumado el atropello, la gente tenía dos opciones: quedarse de brazos cruzados esperando a ser el siguiente (la redacción inicial del RDL indicaba que la intención era la de excluir a más gente de la que finalmente ha quedado fuera) u organizarse y actuar para tratar de conseguir la derogación de la reforma sanitaria.

Con ese espíritu de lucha emergió Yo Sí Sanidad Universal, un colectivo de personas con distintos perfiles profesionales e ideológicos que se unieron para tratar de poner fin a la exclusión sanitaria y restablecer la universalidad de la atención. Para ello, se diseñó una estrategia basada en la desobediencia civil de profesionales sanitarios y usuarios encaminada a garantizar la asistencia sanitaria dentro del SNS a todas las personas que residen en el Estado español.

Con este fin comenzó a tejerse una red de grupos de acompañamiento, que surgió en la Comunidad de Madrid pero que se ha ido extendiendo paulatinamente por varias provincias del Estado (Fuerteventura, Zaragoza, Valencia, Santander, Sevilla, Murcia y Toledo). La labor de estos grupos, unida a la complicidad de las médicas y los enfermeros y del personal administrativo, ha hecho posible que muchas personas sean atendidas en los centros públicos, evitando en la mayoría de los casos la facturación.

Parte de esa labor tiene mucho que ver con dar apoyo moral a las personas excluidas, aunque hay una conciencia fuerte sobre las repercusiones negativas que podría producir una actitud meramente asistencialista. Por este motivo, de lo que tratan los grupos es de ofrecer a esas personas las herramientas para que se conviertan en futuros acompañantes y hacerles parte de la consecución del objetivo final, que no es otro que el de dejar sin efecto el RDL, paso previo a su derogación. Así, de paso, contribuirán a trasladar a la élite gobernante la idea de que un sistema excluyente nunca será sostenible.

Yo Sí Sanidad Universal